domingo, 5 de agosto de 2007

un kleenex para la llorona

Nunca me han gustado las despedidas. Nunca. Ni siquiera en lo más banal.
Me encanta encontrarme con un mensaje que algún día escribí en el colegio y que vuelvo a guardar para mi historia y más me gusta usar una zapatilla hasta que arrastre la lengua. Me cuesta tanto despegarme que puedo guardar kilos y kilos de recuerdos que cada cierto tiempo vuelvo y revuelvo para clasificar. Algunos los tengo En mi clóset y otros en el cucharón: que esto es de este año, que esto me lo regaló tanto y que esta tarjetita todavía me hace reír como la primera vez que llegó a mí. Me cuesta despegarme. Me cuesta mucho.

Para que no sea tan difícil me propuse mentalizarme al más puro estilo zen. Y hace días vengo practicando para despedirme de alguien que se va a estudiar afuera. Alguien muy importante en mi vida, por cierto. Y lo estaba llevando bien, yo y mi alter ego emocional estábamos de lo más civilizadas, compuestitas, pensando en que no podíamos fallar en el momento...hasta pensando en disimular cualquier evidencia y por eso, me fui despidiendo de a poquito.

Y aunque no es para siempre (cuanto espero que no!) comencé acordándome como nos conocimos, de cómo crecimos en tan poco y tanto tiempo, de los consejos mutuos, de las risas, de todo. Me acordé cuando recibí un libro de regalo que imaginaba el reencuentro con esa personita años después cuando fuera ultra exitoso y mil escenas más que me hacían creer que podía controlarme y uf!...fui un total desastre.

Traté de respirar tan hondo como pude, miré al horizonte, pensé en otras cosas -hasta traté de acordarme de su buen chiste- pero cuando el momento de decir adiós llegó, no lo pude evitar. Antes de tiempo la llorona que llevo dentro me volvió a ganar!!! Ni siquiera me dejó hablar, pues quería decir tantas cosas y no logré articular ni una sola palabra...traté y traté de tragar saliva pero ahí volvían a hacerse agua mis ojos. Si estaba en un diluvio o una tormenta, no lo sé. Traté de luchar en su contra pero me conoce bien y una vez más, supo como vencer la muy maldita.

Y es que nunca me gustaron las despedidas, como canta alguien por ahí. Nunca, nunca, nunca. Pero espero que al guardar las lágrimas de esta noche en este cajón comience de a poco a ganarle a la llorona...Un besote, buen viaje y ya nos vemos!

1 comentario:

Weerez dijo...

Mucha pena que Jochi se haya ido pero el estaba feliz por su despedida con toda la gente que fue a decir adios al aeropuerto y todos los que lo llamaron. Esperamos volver a verlo pronto y goleador! Besitos Nina.